sep 15 2008

Carta pública a La Nación

Published by under Política

Señor Alejandro Urbina
Director
La Nación

Estimado señor:

La Nación preside en el país un sistema de enjuiciamientos a partir del chisme. No se si la competencia se le ha puesto cuesta arriba, pero es evidente que este medio de prensa intenta liderar el amarillismo periodístico, con gran pérdida para los derechos civiles de este país. La Nación ha liderado, con su actitud hostil contra el Gobierno, el linchamiento político de un ministro, de un magistrado suplente, de un directivo ante el BCIE y en días recientes de un embajador. En ninguno de estos casos ha habido pruebas de violaciones a códigos éticos o jurídicos y el principio jurídico de inocencia hasta que se pruebe lo contrario ha sido violado. Los dos primeros tuvieron que renunciar por el entorno creado por La Nación y otro medio de comunicación. El honor del Embajador quedó en entredicho por aquello de miente, miente que algo queda, aunque los hechos parecen favorecerlo. El acto de linchamiento, en este caso sólo tuvo un efecto parcial.

Y, disculpe, pero no se trata de que “el Gobierno, en lugar de reconocer el error que cometió – aunque fuese obligado por China – reaccione de esta manera” ¿Cinismo? Se trata, en realidad, de que La Nación ha faltado a su responsabilidad profesional de informar objetivamente los hechos conocidos y, en cambio, ha asumido una campaña agresiva de insinuaciones y especulaciones que inciden en el prestigio del Gobierno, pero también de las personas involucradas. No quiero especular sobre las intenciones de esta desinformación, pero evidentemente, no ha sido dar a conocer hechos concretos.

No se cuál es el beneficio económico (ventas) derivado de este fenómeno. Pero el costo social y civil es importante. El circo mediático es un retroceso más para el país y también alimenta la desconfianza del costarricense en el sistema político y la ingobernabilidad que nos tiene estancados. Por supuesto, los pescadores en río revuelto, especialmente el PAC, son ahora fuertes aliados de La Nación. Con el TLC casi aprobado, tema ocasional de buena relación con el Gobierno, La Nación encuentra ahora razones ideológicas para hostilizar al Gobierno, usando tácticas que causan daño político pero son autodestructivas socialmente.

El titular del miércoles es muy representativo de la nueva Nación. Existe una desproporción entre el titular, desplegado generosamente, y el contenido del artículo. Se acusa al Gobierno y a su Presidente de mentirosos. El argumento se sustenta en las siguientes párrafos atribuidos a oficiales del Gobierno: Ministro de Hacienda: “No se de dónde sacan esas cifras”; Presidente: “Arias se refirió al crédito como ´una posibilidad´”. “Posiblemente lo hagamos a través de venta de bonos… Depende de que nosotros estemos preparados para ver cuánto necesitamos y en qué lo vamos a gastar”; “Hemos sido tan transparentes como las circunstancias nos permitían”.

Repito, hay una clara desproporción entre estas declaraciones, y la fuerte acusación que hace La Nación y que despliega con gran visibilidad en su primera página, mientras otras noticias positivas, se ubican en un plano secundario. Los hechos, a la luz de la información que tenemos, es que el Gobierno realizó una negociación que creyó favorable para el país. Puede haber sido una decisión mala, pero se hizo de buena fe y en función del interés del país. Las declaraciones hechas (evidencias de La Nación) son coherentes con esa decisión. Podría decirse, en la perspectiva de algunos, que el Presidente se equivocó. Decir que mintió, implica volver por la senda del amarillismo periodístico que viene caracterizando a La Nación y es seguir jugando con el honor de las personas, sobre las bases de simples especulaciones. Muy triste ver donde La Nación está llevando la calidad de su periodismo.

Quiero destacar un solo punto final: no estoy defendiendo al Gobierno ni a las personas involucradas en los acontecimientos recientes que han originado la cacería de brujas liderada por La Nación y otro medio de prensa. Defiendo el derecho de mantenernos – usted, yo, todos – inocentes hasta que nuestra institucionalidad, no los medios de prensa, decida otra cosa. Y el derecho civil que tenemos como sociedad de que el poder mediático se ejerza responsablemente y no agregue la especulación como una forma de deteriorar aún más la desconfianza ciudadana en la institucionalidad del país.

Respetuosamente,

Eduardo Carrillo Vargas, Ph. D.,
Cédula 201950193

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