sep 02 2008
¿A quién beneficia el desprestigio de la clase política?
(publicado en Diario Extra el 2 de septiembre de 2006)
Es una máxima de las ciencias políticas que en el poder nunca hay espacios vacíos, todo espacio de poder siempre es ocupado, nunca falta una agenda nacional, lo que a veces no se ve es quién la dicta o influye en esa agenda, cuando no son los políticos como debería corresponder.
Aceptando esta máxima como válida y antes de especular sobre quién ocupa esos espacios cuando faltan los políticos, quienes influyen en la agenda nacional y quienes hacen pesar sus propios intereses sobre los del colectivo, quiero reflexionar sobre los últimos años electorales en Costa Rica.
El abstencionismo ha crecido en el mundo, pero especialmente en Costa Rica después del año 1998. En esto hay elementos puntuales como las acusaciones penales a los ex presidentes, pero creo que más que eso ha influido el constante estribillo de que los políticos son corruptos. Los partidos políticos se han desdibujado dándole más espacio a la popularidad de los candidatos. El populismo o personalismo es malo para la democracia a largo plazo y ayuda al desencanto.
Repetir y repetir que los políticos son “malos”, obviamente, hace que la gente se aleje de la política, además el sector público es más pequeño y en general la gente depende menos para su bienestar de la acción del gobierno, migración de la política (con excepción de los más necesitados naturalmente).
Al desprestigiarse a los políticos, se crean vacíos en el dictado de la agenda nacional. Al alejarse el electorado de la acción política, aunque sea sólo con el voto cada cuatro años, se generan vacíos en el poder democrático, en el interés del gran público y, por lo tanto, en la labor fiscalizadora del pueblo.
¿Quiénes ocupan esos espacios de poder? Paradójicamente, aunque los grupos de más izquierda son los que abundan en el discurso de la corrupción política, creo que sus intenciones son las menos beneficiadas.
Se dice que el quinto poder, la Prensa, es la que gana algunos de esos espacios, pero tampoco creo que sea ella la que se lleve el premio.
Por otro lado, cayendo en el juego, algunos políticos hacen de la lucha contra la corrupción su bandera particular, aunque la lucha contra la corrupción sólo puede ser válida, si es una bandera país para fortalecer la democracia, no de un candidato o aspirante a candidato, y mucho menos si es parte de un discurso populista.
La realidad es que son los grupos de poder económico los que, sin hacer tanto aspaviento, simplemente empiezan a meter su agenda particular de desarrollo, que no es orientada a las mayorías, ellos son los que ocupan esos espacios.
A más desprestigio político, más facilidad para el poder económico deshumanizado de influir en las acciones que los beneficien directamente.
¿No debe el poder político contar con las contribuciones de los grupos sociales, económicos, electorales, religiosos, partidistas y de toda índole? ¿No deberíamos propiciar la acción dentro de la política para mejorar nuestro país?
La política, bien entendida, es una de las tareas más nobles que puede hacer un individuo. Es a través de la acción política que se trabaja por la equidad, el desarrollo y el “bienestar del mayor número”.






