Sep 27 2009

Y, la verdad os hará libres

Published by under Política

Rodrigo Arias Sánchez
Ministro de la Presidencia

Tal como se aparta el grano de la paja, la resolución PA-55-2009, emitida por la División Jurídica de la Contraloría General de la República, dictada el pasado 17 de setiembre de 2009, luego de realizado un riguroso procedimiento administrativo, resolvió: “Absolver de toda responsabilidad disciplinaria al señor Ministro de la Presidencia, señor Rodrigo Arias Sánchez (…) por el supuesto debilitamiento del sistema de control interno en el marco de las consultorías contratadas con los fondos de cooperación no reembolsable suscritos entre el Gobierno de Costa Rica y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)”.

Los fundamentos de tan clara resolución tienen que ver con el hecho de que el Órgano de Procedimiento confirma no haberse encontrado “frente a una ausencia total de controles, ni que las omisiones detectadas en los informes de fiscalización, hayan causado daño alguno a la Hacienda Pública ni que se hayan desatendido disposiciones giradas por este Órgano Contralor para corregir las deficiencias detectadas, de tal suerte que no observamos en el actuar del señor Ministro de la Presidencia, conducta alguna revestida de dolo o culpa grave generadora de responsabilidad (…)”.

De esta forma, luego de tres informes de la Contraloría General de la República y una opinión jurídica de la Procuraduría General de la República, se confirma que en este caso –como en todos en mi vida pública y privada– siempre dije la verdad, siempre actué con transparencia y honestidad, apegado a la normativa existente.

Mentiras y difamaciones. Pero, también, han quedado otro par de cosas claras. La primera de ellas es que las mentiras propaladas sobre estos convenios y mi actuación en ellos, eran entonces lo que son hoy: monumentos a la maledicencia de quienes han querido convertir la difamación en una herramienta de su forma de hacer política.

Tal como lo dije desde el primer momento, y hoy queda evidenciado, no había “fondos secretos”, “chequeras ocultas”, “cuentas corrientes de libre disposición”, “pago de sobresueldos a funcionarios” ni “ejecución de fondos públicos fuera de presupuesto”. Esas cinco afirmaciones fueron ayer y son hoy cinco difamaciones.

Lo otro, lo positivo que debemos derivar de estos hechos, es que gracias a la intervención de la Procuraduría General de la República y de la Contraloría General de la República, se ha producido una rica y novedosa jurisprudencia administrativa que, mediante la acción del Ministerio de Planificación Nacional, se convierte en normativa orientadora para los funcionarios públicos que, en adelante, deban servir como contraparte en programas de cooperación internacional.

Esa claridad constitucional, legal y de procedimiento no existió sino hasta ahora, lo que les da seguridad jurídica a los funcionarios públicos y garantiza que Costa Rica pueda seguir beneficiándose de estas formas de cooperación.

Dos lecciones de esta situación: la primera es que la mentira es un arma de corto alcance, que hiere temporalmente a la víctima, pero mancha para siempre al victimario.

Y, la segunda, es que, tal como lo prometió Nuestro Señor Jesús, la verdad siempre nos hará libres. A quienes creyeron en mí desde el principio, muchas gracias, y a quienes divulgaron esas especies idóneas para difamar un funcionario honrado, mi consejo es que busquen mejores armas en el arsenal de la política; las hay nobles como la dignidad, el respeto y la decencia. Ojalá las encuentren.

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