Oct 07 2013

Hoy hace seis años, Pablo Quesada se saltó un semáforo

Published by under natalia

*Escrito por Lucía Vásquez

Pablo Quesada se saltó un semáforo en rojo hace seis años… aunque se declarara culpable hasta tres años después.

Aquella madrugada del 7 de octubre, salió del Hotel del Rey en San José y al ver a su hermana prostituirse (según sus declaraciones) inició un disturbio con una mujer que intentaba tranquilizarlo. Alterado, se subió a su carro. Cuatro oficiales de la Fuerza Pública le dieron órdenes de hacerse a un lado… él desobedeció, metió el gas y huyó de la policía, botando a tres de ellos al suelo.

A la 1:18 am inició la persecución que acabaría unos cuantos minutos más tarde en dirección al sur. Un taxista, al ver la confusa escena fue tras él y vio cómo se saltó el semáforo de la avenida 6 y 8.

Todo iba saliendo bien, “Grand theft auto” era cualquier vara. Todo iba saliendo bien… hasta el semáforo de la avenida 10. Ése también se lo saltó…                                                                                    …

La tarde del 7 de octubre de 2007, Daniela Herrero, Gabriela Rojas y Álvaro Cortés, quedaron de verse en la K-zona, un centro de reunión de jóvenes cristianos en Lourdes de Montes de Oca. Diego Quesada y Rebeca Mena, se encontraban ahí haciendo los sánguches que repartirían la mañana siguiente a indigentes en San José.

Todos querían salir esa noche, pero faltaba una por reclutar: Natalia Trejos. Gabriela, la mayor de todos (24 años), la convenció de ir a comerse el mejor chifrijo y tomarse una birra en un restaurante por la Caraña de Santa Ana. Pasó por ella y se pusieron en marcha hacia el oeste del Valle Central. 6 personas, dos carros.

El gigantezco y delicioso chifrijo se llevó los cumplidos de la noche, inclusive durante la fiesta de cumpleaños de un amigo de Álvaro a la que pasaron después de comer. En esa casa de Sana Ana estuvieron un par de horas, hablaron, se rieron y pasada la 1 de la mañana, salieron del lugar. Daniela continuaría su fiesta en otro bar y yéndose sola en su carro se alejó por la pista. Unas horas después se dio cuenta que el haber llevado su propio carro esa noche le salvó la vida. 5 personas, un carro.

“Veníamos en la pista y pregunté: ¿Varo, por donde nos vamos? Álvaro me contestó: ‘por rotondas’, pero se me pasó la entrada, entonces seguí. Pensé: ´Qué mierda´, a mi no me gusta andar por Chepe en la noche, por los semáforos”, recordó Gabriela desde Medellín, Colombia, su hogar desde hace casi ya dos años.

“Nos tocó un semáforo en rojo, cuando se puso en verde, me dije: ´qué dicha, ahora se me empiezan a poner todos los semáforos en verde´. Pasé ese primer semáforo (el de la calle 7) y el segundo -que fue el del AYA- ya estaba en verde. Iba pasando… normal, sentí unas luces encima de mí y pasó todo”.

Ese 6 de octubre Pablo no se levantó de su cama imaginándose lo que iba a pasar la madrugada del día siguiente. No se levantó pensando que vería a su hermana prostituirse, ni que comenzaría aquel disturbio que provocaría su persecución. Tampoco se imaginó que esa madrugada iba a cometer el peor error de su vida y que ese domingo 7 lo iba a recordar para siempre como el día en que mató a tres personas por saltarse aquel semáforo en rojo en esa esquina.

En el Paseo de los Estudiantes, el Mitsubishi Mirage que venía manejando Gabriela Rojas fue golpeado por las seis cuadras de impulso con los que veía Pablo, por el lado izquierdo trasero. Con su Volswagen, dejó al automóvil blanco y a los cinco pasajeros incrustados en el poste.

“¿¡Todos están bien!?”, preguntó Álvaro. Pero no hubo respuesta. Gabriela se volteó hacia atrás y se contestó a sí misma la pregunta de Álvaro. Solo ellos dos estaban “bien”.

La principal causa en muerte de jóvenes, hizo de las suyas nuevamente. Dos murieron en el lugar: Diego, a 15 días de haber cumplido 19 y Rebeca a sus 18. Natalia murió en el hospital, dos horas más tarde. Gabriela, con contracturas en su cuerpo y quemaduras en la cara por la bolsa de aire y Álvaro, con sus costillas quebradas y un pulmón perforado, sobrevivieron ese día, por mera casualidad (o no).

Dos años después, en el juicio, Pablo Quesada declararía ante la jueza Jeannete Carrillo: “Lamento lo que pasó ese día. Como padre que soy, también he sufrido. María Gabriela, sé lo que usted y sus papás han sufrido. En honor a Dios les juro que ese semáforo lo pasé en verde”.

“Varo, ¿estoy loca?”, le preguntó en el juicio a su copiloto, al escuchar la seguridad en las palabras del responsable de aquel choque. “No… usted y yo vimos que estaba en verde, ese mae está mintiendo”, contestó.

De frente, Gabriela le habló a Pablo: “Perdí a tres amigos y jamás mentiría. Aquí estoy diciendo la verdad. No le tengo ningún resentimiento, a usted lo perdono, pero las consecuencias hay que asumirlas”.

Ese polémico domingo, en el que el 51% de los votantes dijeron “Sí al TLC”, tres familias trataban de entender que sus hijos y hermanos ya nunca iban a volver, porque les había quitado la vida un joven casi de su misma edad.

Esa noche, la Iglesia PAS estaba repleta de personas, amigos y familiares, despidiendo sin ganas a tres de sus integrantes, a los que nunca se esperó tener que despedirlos a tan corta edad. Todos con una misma pregunta en las cabezas que nadie sabía contestar: ¿Por qué? Seis años después, esa misma pregunta sigue sin encontrar respuesta y probablemente nunca lo hará.

Natalia estaba en primer año de Diseño Industrial en el TEC. Era muy extrovertida, era chichosa, amaba a Dios, amaba bailar y reírse. En menos de dos meses cumpliría 19 años. Amaba a sus papás y su hermana, aquella hermana que se convirtió en hija única en unos cuantos minutos, por mera casualidad (o no). Aquella hermana que no sabía que el dolor más fuerte estaba por venir cuando pasara el tiempo.

Quince años había compartido Catalina con su hermana, su mejor amiga, su cómplice y confidente. Pero los meses siguientes no fueron para llorarla, ya llegaría el momento… ahora tocaba ser fuerte para sus papás. Tocaba sacar esa fuerza que solo se conoce cuando la vida, sin pedir permiso, lo exige.

Pero las lágrimas llegaron… como cuando cumplió 19 años, edad que su hermana nunca llegó a cumplir, o al querer compartir su felicidad al tener un buen novio, o cuando entró a la su amada carrera Comunicación Colectiva y no lo podía celebrar con su hermana mayor. El tiempo se encargó de ir borrando recuerdos, uno por uno, y eso… eso es lo que más duele.

….

La alcoholemia de Gabriela marcó 0.0, la de Pablo… nunca se hizo, porque Pablo Quesada huyó del lugar. Sin saber que había dejado atrás a dos heridos, dos cuerpos sin vida y uno moribundo, se bajó del carro y se dio a la fuga.

En el juicio, uno de los tres policías, a los que Pablo chocó con su moto en las afueras del Hotel del Rey, preguntaba llorando al recordar aquella trágica escena: “¿Con qué corazón pudo huir?”. Eso nos preguntamos todos. Pablo se entregó el día siguiente, cuando la OIJ había difundido su fotografía por todos los medios y cuando hacer la prueba de alcohol en la sangre, ya no era opción.

La jueza Jeannete Carrillo, del Tribunal Penal de San José, dictó la sentencia: 24 años y seis meses de cárcel por homicidio simple, dos tentativas de homicidio simple y tres agresiones con arma contra los oficiales de Policía. Sí, un carro puede ser un arma.

Con un hijo de meses, Pablo, a sus 22 años había cometido el peor error de su vida por el que iba a pasar el doble de su edad encerrado en una cárcel.

Una apelación de sus abogados, Gloria Navas y Moisés Morales, logró que redujeran a 16, los años en que Pablo tenía que permanecer tras las rejas. La nueva sentencia lo declaraba culpable de tres homicidios culposos, no simples.

Desde la Reforma el 6 de agosto de este año, Pablo envió una carta a los familiares, disculpándose por todo el dolor que causó, sabiendo que un perdón no iba a lograr más que intentar encontrar paz en su conciencia. Si fue genuina o no esa disculpa, le tocará a alguien más decidirlo.

Dicen que de todo se aprende, y después de uno de los accidentes más mediáticos que el país ha visto en mucho tiempo, se aprendió. A las malas, pero se aprendió. Se aprendió que el rencor de nada sirve, que todos los actos tienen consecuencias… unas más graves que otras, que hay que valorar a los seres queridos cuando están, que hoy estamos, mañana no sabemos, que una irresponsabilidad puede causar daños irreparables, que estar vivos es un milagro. Que el tiempo no se detiene y la vida sigue…

¿En serio se aprendió todo esto?, ¿Era necesario ese “accidente” para darnos cuenta?,  ¿Se tienen que seguir perdiendo vidas, o escribiendo crónicas con historias como ésta para entender cosas tan básicas?.

Esos tres jóvenes que murieron ese día en la esquina de la Avenida 10, pudimos (podemos) ser cualquiera de nosotros. Pero no lo somos. ¿Por qué?, quién sabe…

Pero también Pablo, cuando se saltó ese semáforo pudimos ser cualquiera. Pude haber sido yo que escribo estas palabras cuando me distraigo contestando mensajes mientras manejo, pudo haber sido usted, cuando va tarde y se maquilla en el carro, o nosotros cuando la paciencia no da para tanto y hacemos imprudencias sin pensar en las consecuencias, o cualquiera, cuando esa “única” birra de la noche antes de manejar, se convierte en 2, 3, 4, 5…

Pablo, Natalia, Diego o Rebeca podríamos ser todos en algún momento, de irresponsabilidad o de casualidad (o no), y eso… eso no podemos dejar que ni seis, ni cien años lo borren de nuestras cabezas.


Video preparado por sus compañeros de Comunidad Pas

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=jvFSCXp52Co[/youtube]

4 responses so far




4 Responses to “Hoy hace seis años, Pablo Quesada se saltó un semáforo”

  1.   Roxanaon 12 Oct 2013 at 6:33 PM

    Ale, te envio un gran abrazo y muchas paz

  2. Imagen de perfil de Alejandro  Alejandroon 11 Oct 2013 at 5:27 PM

    Carolina, preferiría me escribieras a [email protected]

  3.   Carolinaon 10 Oct 2013 at 4:37 PM

    Hola!

    Está linda la historia…… solo que hay varias inconsistencias en la historia contada durante el día (sorry, es que soy periodista y preciso los detalles), si gustas con paciencia te puedo explicar los errores. Yo estuve con ellos todo el día, y recuerdo que no fue así……

    Mi celular: 88 84 85 91.

    Saludos,

  4.   MaLau Navarroon 07 Oct 2013 at 11:47 PM

    Excelente lu!

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