He leído con mucha atención, la victoria de los ambientalistas nacionales, al obtener un pronunciamiento a su favor contra el proyecto de una empresa extranjera.
He leído con atención las criterios técnicos, que dan geólogos, biólogos y expertos jurídicos –sin ser abogados- que desmenuzan la problemática ambiental y sus consecuencias con vehemencia impresionante. Incluso, he visto a dirigentes políticos, predestinados a ser diputados, hinchados de alegría ante su logro a nivel regional, de impedir la existencia de una mina a cielo abierto en su cantón.
He leído con tristeza, que más de 230 familias –la mayoría de la zona norte, perdida, olvidada y abandonada de nuestra patria- se han quedado sin trabajo honesto y pagado, para pasar la más triste de sus Navidades y Año Nuevo, al saber que yéndose la minera, no hay dónde ir a conseguir trabajo digno, y que por demás está decir, que se sabía, que a futuro la necesidad de mano de obra de todo tipo, por parte de la actividad, duplicaría ese número de personas ocupadas, pagadas, y con alguna esperanza…
No he leído, que proponen los técnicos, los geólogos, los biólogos y los expertos jurídicos, y de paso los políticos de la zona, ante el desastre humano, ya no ecológico, que provoca, este despido, este duro final de año y próximo, para sus conciudadanos, ahora desempleados, y si una alternativa viable de supervivencia en la zona que los vio nacer y los va a ver morir: desempleados, pobres, olvidados…habiendo sido la excusa para que alguno mañana pueda exhibir en su palmarés para optar a una cargo público, o trepar en alguna ong o institución internacional de las que ocupan a inútiles y bombetas.
No he leído, la solución que proponen estos sesudos protestantes, para que los ahora abandonados a su suerte porque no hay trabajo, puedan subsistir dignamente, sin terminar siendo parte del anillo de pobreza que engalana tristemente a las urbes, siendo víctimas estos del hacinamiento, prostitución, delincuencia, drogas… y todos aquellos flagelos humanos evitables si le proporcionamos a nuestros congéneres con que ganarse la vida decorosamente.
Tengo negocios en la zona norte, hablé con uno de los trabajadores despedidos, y con gran angustia me dijo: -Después de Crucitas –qué?-
No le contesté, pero casi le digo: “busque a los técnicos, a los políticos, a los ambientalistas responsables de su desgracia….” pero me pareció irrespetuoso, e inoportuno, era como justificar su destino: ser olvidado, invisible, pobre, usado por los que se proclaman sus defensores???